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Mostrando entradas de agosto, 2020

Debo haber muerto

  Es una apacible tarde en la Piazza della Signoria , a la hora en que el sol frío de invierno pinta en naranja el hombro derecho de Neptuno. Algunas sucias palomas escudriñan restos comestibles bajo la mesa. Charles prende otro pitillo. Su acompañante rubia pisotea la baldosa y los repugnantes pájaros escapan volando como murciélagos abandonando la cueva entre las piernas de Bukowsky, que maldice a las palomas, a la chica rubia y a toda la plaza.   The Dude tiene que agacharse al paso de las aterrorizadas palomas y el Ruso Blanco que sostiene en su mano derecha escupe un chorro que aterriza en su camiseta negra, justo entre el " Me" y el " tallica ". The Dude abre los brazos como alas de gaviota, y mira a su camiseta negra, que ahora luce, además, un lamparón blancuzco y húmedo. En su ala derecha, lo que queda del Ruso Blanco , en la otra, lo que queda del porro. Oigo claramente su “Maaaann…” (que me hace sonreír) Ajusta su melena como lo...

¡¡Todos hermanos!!

  -¡Todos hermanos!      -¡¡Todos hermanos!!. ¿En qué puedo ayudarle? -Verá, estamos a finales de mes y aún no he recibido la compensación a mi aportación. Quisiera saber a qué es debido... si me hace el favor de explic...     - Vamos a ver… Me dice su nombre y apellido, por favor. -  Becher, William Becher.     -Becher... Becher... Becheeeeer... Sí, aquí está. Usted cedió un caballo. ¿Cierto? - Correcto, sí.     - Un momento… vamos a veeer…  Sí, aquí está el último informe. Cito; ” Habiendo interceptado el carruaje que transportaba a Lord Bradbury… blabla blá… Con un botín de 5.000 onzas de plata… blabla blá… y una recaudación en joyas valoradas en 3.000… blablablá… ¡Ah!, aquí lo veo, sí. “En la huida, llegando al bosque de Sherwood el caballo cedido por los Becher tropezó, haciendo caer al lugarteniente, el camarada Little John, sufriendo éste una torcedura de carácter reserv...

La gran pregunta

  …Tras atravesar las verdes estepas de Shilin Bogd pude al fin divisar la frontera que me aguardaba con aromas de canela y pimienta de Xinjiang. Mis pies magullados me condujeron a Xilin Gol, lugar donde conocí a Huo Cong, un sabio anciano que me instruyó en la técnica sagrada del Do-in a cambio de mi trabajo en aquel pozo inmundo. Seis años más tarde, las serpenteantes sendas de Hilsa me guiaron hasta el albor de la misteriosa India. En los picos de Kanda fui atacado por un tigre de montaña que, asustado por campesinos, huyó con mi mano derecha entre sus fauces. Los propios campesinos nepalíes me salvaron de una muerte segura gracias a sus arcaicas técnicas curativas y sabiduría ancestral. Aunque manco, les devolví el favor acarreando la argamasa que sostendría a las piedras del nuevo templo. Mi gratitud duró dos años subiendo la mezcla de graba y barro hasta la cumbre de aquella árida montaña.  Recorrí el nordeste de La India hasta llegar a Nagpur. El ...

Adriana

  Adriana tenía verdadera obsesión por parecer atractiva, inteligente, rica, soñadora, simpática, sensual, sexual, marinera, ordenada, viajera, intrépida, sensible, salvaje, tierna, dulce, delgada, culona, vegetariana, liberal, bisexual, ninfómana, leída, fotógrafa, inquieta, actriz, tetona, moderna, seria, divertida, intelectual, interesante y ambigua.   Adriana padecía aquel empeño y obcecación con un sufrimiento tal que le torturaba hasta el borde de la locura.   Adriana rezó a Dios que le concediera el milagro de parecer inteligente, rica, soñadora, simpática, sensual, sexual, marinera, ordenada, viajera, intrépida, sensible, salvaje, tierna, dulce, delgada, culona, vegetariana, liberal, bisexual, ninfómana, leída, fotógrafa, inquieta, actriz, tetona, moderna, seria, divertida, intelectual, interesante y ambigua.   A Dios no le debió parecer muy relevante las plegarias de Adriana porque nada hizo para satisfacer a Adriana y mitigar ...

Super Tomás

Me llamo Tomás García y tengo poderes. Podría haber nacido con el poder de la fuerza sobrehumana, o qué sé yo… ¡volar!... Que me hubiera picado un bicho y hacer miel con los dedos, o haber recibido un calambre y no pagar nunca más los recibos de la luz…, no sé… haber tenido poderes chulos de cómic… pero no, mis poderes son una mierda, no valen para mucho… Por ejemplo; El otro día, gracias a mi poder que detecta a los pesaos, me cambié de fila en la caja del súper y me ahorré unos minutos de espera, y la semana pasada, en el Ayuntamiento, gracias a mi poder que detecta a incompetentes, pude resolver el problema de la multa rápidamente al cambiar de ventanilla… A ver... qué más poderes tengo… Ah!, sí, ayer me libré de una buena hostia gracias a mi poder que detecta conductores gilipollas… pero, poco más… son poderes de mierda. También tengo el poder de la ubicuidad, no es que esté presente en todas partes, pero sé dónde hay mesa libre en cualquier terraza de la ciuda...

Culpable de nada

No sé qué día, ni qué año, ni cómo ni por qué llegué a ese recargado salón donde, al parecer, vivía mi amigo Alberto. No recuerdo el momento en que decidí sentarme en ese sillón de mimbre y tampoco recuerdo qué me impulsó a fijarme en ese bidón de cristal verduzco con tapón de corcho. Toqué la enorme botella verde y noté un movimiento rápido, supuse que dentro habría un ratón. -Alberto y su manía con los bichos- pensé. -Es un lagarto- me gritó Alberto desde la cocina. La curiosidad me animó a agarrar y alzar la botella para ver más de cerca al reptil. Era más grande de lo que esperaba, la piel más clara de lo que suponía para un lagarto, los ojos amarillos de canicas pulidas y brillantes, la boca puntiaguda de serpiente venenosa.   –Lo encontré en el jardín- matizó Alberto desde una habitación desconocida. El lagarto clavó sus ojos de vidrio amarillo en los míos. Sus garras se apoyaron en el cristal componiendo una síncopa de dos leves tintineos...

Noir Ardent

Los martes, a eso de las siete de la tarde, soy un SEÑOR, así, con mayúsculas. Uno de esos caballeros que moderan su elegancia para no parecer excesivamente arrogantes. Ardua labor, ya que, los martes, a eso de las siete de la tarde, gozo de una distinción exquisita. Los martes, a eso de las siete de la tarde, Beatriz me saluda con su mirada sonriente, sus labios carnosos se abren como dos pétalos de rosa descubriendo su perfecta dentadura de blanco lumínico, al tiempo que ladea su cabeza en un gesto de amable seducción intencionadamente mal escondida. Su blusa vaporosa revela la juventud que su maquillaje facial se empeña en arruinar. Más que un saludo es casi una reverencia; “Buenos días, señor. ¿Cómo está?”. Como caballero que soy, intento, forzosamente, desviar mi mirada que apunta furtiva a su turgente escote. Cuando al fin lo consigo, le devuelvo el saludo con la mejor de mis sonrisas. Desde el fondo de la estancia, Yolanda, una belleza nórdica de lisos cabellos de rubio ...