A pesar de lo que sus padres pensaban, Colton fue
siempre un niño muy observador, de hecho, puede que fuera el niño con más
interés en lo que le rodeaba que cualquier otro niño.
-Siempre estás pensando
en la luna- le repetían. Era cierto. Si viajaban en coche y sus padres descubrían
algo relevante en el paisaje – Mira Colton!-. Colton miraba a la luna. Si paseaban
al anochecer entre laberintos de majestuosas secuoyas, - Mira Colton!-. Colton
miraba a la luna. En la playa, al atardecer, no importaba si el Pacífico moldeara
enormes tubos de olas por las que intrépidos surfistas realizaban piruetas
imposibles. -Mira Colton!-. Colton
miraba a la luna.
El psicólogo calmó a los
padres de Colton . El diagnóstico fue algo condescendiente aunque amable. –
Colton es un niño muy observador, no le sucede nada fuera de lo normal, salvo
su intelecto ¡Es altísimo! El asunto de la luna, se le pasará, pueden estar
tranquilos-
En efecto, Colton poseía
un coeficiente muy alto, era un genio en matemáticas. Su interés temprano por
la ciencia le ayudó mucho para conseguir la beca en la prestigiosa Universidad de
Harvard, pero el asunto de luna nunca se le pasó, al contrario, cada año
incrementaba su pasión por ella.
Colton fue un estudiante
ejemplar, aunque un desastre en el amor. Al principio, algunas chicas enamoradizas
sentían una atracción romántica al hecho de que Colton contemplase la luna con
aquella admiración poética, pero hay ciertos momentos donde ese gesto desmorona
cualquier tipo de pasión.
El esfuerzo de Colton por
ser astronauta y algún día poder pisar la luna fue colosal.
Se licenció en astrofísica
y en ingeniería aeronáutica. Gracias a un programa del ejército pudo completar
las más de 1.000 horas de vuelo en un aparato a reacción, requisitos básicos
para formar parte del grupo de astronautas de la NASA .
Por fin llegó el día
soñado, el día esperado durante tanto tiempo, el día por el que Colton había
dedicado su vida.
La nave alunizó, Colton
bajó despacio la escalera, caminó luchando contra la gravedad sobre aquel suelo
de ceniza hasta encontrar el sitio, su sitio, el mejor lugar para, al fin,
admirar la intensa luz azul bajo brochazos de nubes blancas que envolvían
a la Tierra.
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