Víctor es un afamado
productor musical, metro ochenta y tantos de altura, cuerpo cincelado en
gimnasio, ojos verdes claros como una pradera verde clara y pese a sus 54
años peina una frondosa cabellera plateada. Su barba está perfectamente
arreglada al estilo de patrón de yate. Su yate (porque tiene yate, claro) tiene
88,50 metros de eslora y un desplazamiento de 3.017 toneladas.
Víctor, además, posee una
importante colección de coches clásicos, aunque para su uso diario prefiere el
Lamborghini aventador. Los fines de semana suele decantarse por el Ferrari SF90
Stradale.
Víctor es rico, guapo y
famoso, sí, pero también muy comprometido en obras sociales y ayudas a los
menos favorecidos, mismamente, el otro día, inauguró un centro que financió él
mismo para la investigación contra el cáncer infantil, el cuarto que suma a su
colección de hospitales repartidos por el país. Por no hablar del conservatorio
que mandó construir en Gitega, capital de Burundi, uno de los países más pobres
del planeta y donde un par de veces al año viaja en su jet privado Dassault
Falcon 7X para dar conferencias a jóvenes promesas sin recursos.
Víctor es soltero y sin
hijos (que se sepa) pero no es una persona que le guste la soledad. Verle
acompañado con esculturales modelos que rozan los 20 es muy habitual. Últimamente
se le nota más encariñado con la protagonista de ese anuncio tan sexy de
colonia…No recuerdo la marca… Ese de la mulata en la playa y el coco.
Os preguntaréis por qué
conozco tanto la vida de Víctor…Bueno, pues porque Víctor, el Gran Víctor, es
mi vecino, el muy hijo de perra.
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